lunes, 1 de noviembre de 2010

Riberas del río.

Pasadas las últimas casas de la ciudad aparece la vega en toda su plenitud, sin transición, junto a los murmullos de conversaciones abanicadas por el viento.
El río Monachil muy mermado su cauce separa dos mundos.
A la derecha una población heterogénea, casas pobres, levantadas en medio de maíces y trigos, familias numerosas, niños jugando en plena calle, una estrecha carretera y acequia bordeándola, sin protección, corriente peligrosa.
A la izquierda, los sembrados, mazorcas de maíz de granos escondidos, alfalfa para el ganado, tabaco, prohibido fumar, hojas anchas, rastrojos de trigo, de cuando en v
ez se oye el motor de un tractor, ya no hay parejas de mulos o bueyes arando las tierras, ya no se ven los escardadores encorvados moviendo la tierra de la sementera, arrancando las malas hierbas, han desaparecido los segadores, trabajo duro, héroes de la hoz, el fresco de la tarde hace risueño el paisaje, cuando se acerca la noche, un concierto de grillos rompe el silencio, empiezan a lucir con guiños las estrellas contempladas al rebujo del patio o a pleno campo; grillos después del concierto de cigarras, naturaleza viva, ambiente rodeado de animales amigos y colaboradores.
Un mundo desaparecido con la llegada de las máquinas. Junto al ladrillo
y el cemento crece el tabaco, a su lado el maíz. De vez en cuando aparecen tierras de barbecho, tierras que descansan o se fertilizan esperando la nueva simiente, eras de hortalizas, bancales de alfalfa y más adelante el parral con los racimos columpiándose al socaire del viento, luego los olivos como ejército en retirada, ya en las estribaciones de la sierra asoma Gójar. Pasado este pueblo que dormita sueños de siglos, recostado sobre una tierra en declive, surge una elevación del terreno que ya anuncia la montaña, carretera estrecha y sinuosa sombreada por frutales, alguna higuera y manzanos, chopos en hilera refrescan el camino. Más adelante aparece el secano, la tierra que produjo el pan de nuestros mayores esperando la mano del urbanizador que la convierta en parcela, solar donde surgirá una, o un grupo de casas unifamiliares. Campos de la tierra andaluza, reseca pero pródiga que ya languidece o se transforma en erial. El rastrojo
que domina la cima habla de la cosecha, ahora ennegrecido después de un fuego voluntario dando aspecto de ruina a una zona otrora verde, riberas del río.
Una pequeña hoya limitada hacia levante por un barranco poblado de zarzamoras, juncos y álamos reverdecidos a causa de un mínimo arroyo de aguas vivas, casi invisibles por el estiaje dando esplendor a todo lo que tocan, aguas cristalinas, murmuradoras, como una línea de plata sobre la parda tierra, más adelante entre la maleza, semi derruida la alberca que en otro tiempo almacenara el agua para regar los trigos y acaso una sementera de patatas y una era de hortaliza. La casa en ruinas que fuera colmena de vida aparece quejumbrosa, revueltas la tejas, vacíos los corrales, sin puertas las ventanas que daban luz a habitaciones hoy llenas de telarañas, enmohecidas las rejas. Al sol saliente una placeta de tosco empedrado y fuente con abrevadero, un pequeño muro de ladrillo que servía de asiento además de separar la placeta del jardín, éste, ya acusaba el abandono donde aún crecía en decadente anarquía el boj amarillo, leves azucenas y dalias. Una noguera robusta da sombra al conjunto y evita, en parte, la desolación y abandono reinante. Sigue en dirección al arroyo los restos de lo que fue una viña con alguna cepa verde pugnando por sobrevivir entre malas hierbas y zarzales. Pasado el barranco, el olivar famélico, enfermo, pone nota triste al espectáculo. Sin embargo todo esto fue un día no lejano, un lugar grato, lleno de vida mientras estuvo presente el ser humano, ya labrando la tierra, ya cuidando la plantas, generando vida con sólo su presencia, fue un lugar lleno de ilusiones, desvelos, añoranzas, risas y acaso llantos, vida con todo lo que lleva consigo.
Desde las ruinas de la casa, a tiro de piedra, no se ve pero se adivina el río de pequeñas cataratas, aguas frías nacidas en los n
everos de la sierra y Dílar con sus casas blancas, destacando la torre en pirueta hacia el cielo y encima del pueblo, el murallón de la Silleta separando las tierras que llevan a la laguna de El Padul, aguas en medio de praderas y sembrados. Más arriba, ya en plena sierra, asoman los Alallos, gigantes y majestuosos y El Trevenque, como cerro testigo surgido de la entrañas de la tierra.
Hacia el oeste se abre la llanura y el río hasta perderse en un horizonte lejano de lomas altas y prolongadas, es la vega donde emergen los pueblos de Otura, Alhendin, Armilla y las Gabias. En los aledaños asoma otro secano con rastrojos pincelando de amarillo el paisaje y sobre ellos algún chaparro o pino solitario, acaso añorando el pasado. Por esta zona han surgido como un milagro o vara mágica de hada una serie interminable de casitas con sus habitantes rompiendo un paisaje virgen. Un paisaje lleno de recuerdos de una vida que se escapa y muere porque todos queremos ignorarla, como a la urraca, nos deslumbra el brillo del ladrillo.
Antaño aquí reinaba una alegría sana junto a trabajos duros y exigencias múltiples. Las parvas en las eras, las bestias dando vueltas rompiendo con su pisadas las mieses, la trilla de cuchillas aceradas cortando, o machacando hasta convertir en paja las matas de trigo secas. Aventar era un trabajo grato, el trigo dorado iba apareciendo, el bieldo empujado por la mano del hombre lanzaba al aire las mieses trituradas, el trigo más pesado caía a pie del aventador, más lejos la paja y aún más separado, el tamo, una paja muy fina casi volátil. Pala, bieldo, horca y escobas para barrer, toda la familia en la era, alegrías, cantos y satisfacción, lleno el troje, lleno el pajar, el frío invierno, cuando llegue, no sorprenderá al previsor.
Un sueño de algo que pasó, una añoranza, una ilusión. La realidad es otra cosa.
Están mustias las eras, o han sido sembradas de casas, la tierra salvo en zonas bien regadas, amarillea, cría lagartijas y caracoles, cuando no alacranes, los olivos y los almendros resisten uno o varios años, agonizan y el desierto avanza, despacio, sin prisa, pero sin cesar, es posible que no llegue este año, pero si dentro de cien o acaso menos, mala herencia para los que vengan detrás.
Las cosechadoras, tractores y medios de comunicación y de transporte han silenciando, han escondido el medio rural, se han olvidado esos trabajos nobles, acaso duros, hoy velados, trasplantados los hombres a las ciudades, para vivir en casas colmena, donde se puede encontrar un trabajo bien remunerado, lugares de esparcimiento y recreo, quizás, un tanto engañoso pero atractivo.
Por esto se desertiza el campo, por esto y por otras muchas cosas languidecen lo pueblos y muchos seres padecen la agonía del árbol trasplantado, con problemas de aclimatación, lejos del natural donde nacieron y crecieron, los mayores, los ancianos
desorientados languidecen sentados en un banco, contando hormigas, haciendo señales en el suelo con el cayado, bastón de labriego, llevados a un lugar donde ríen algunos mientras ellos lloran, acaso estemos exagerando, acaso estemos equivocados, acaso las cosas no sean como decimos, tampoco queremos volver atrás , no se puede, ni se debe, ha mejorado la vida, es más larga, se han superado muchos dolores, hay comodidad, todo esto es bueno y razonable si no llevara aparejado el deterioro del medio ambiente, si no se olvidaran los orígenes, si no se abandonara lo que fue vida y lo que es más grave, mientras unos derrochan, otros que han tenido la mala suerte de nacer en lugar equivocado, mueren de abandono, miseria y tiranía.
Dionisio Carrillo Robles.

domingo, 31 de octubre de 2010

Ayer, hoy, mañana

Parece ser que en política todo es válido.

Parece que algunos políticos solo piensan en ganar el poder. Los comicios son válidos cuando no se coacciona la voluntad del pueblo.

A veces la coacción en forma de propaganda manipulada puede contribuir a la victoria.

Podréis gozar de la victoria, podréis abrazaros riendo.

Podréis disfrutar del triunfo, la victoria es legítima, es legal.

¿Acaso alguna vez ha sido ilegal la victoria?

Sin embargo, en lo más profundo del ser, ese ser que no nos acompaña en los jolgorios pero que se acuesta cada noche en nuestra cama, ese ser no está satisfecho, sabe que ni siquiera en la guerra vale todo.

Que no hay guerras justas, que todas son inmorales.

Podréis sentiros victoriosos, pero sabéis que la victoria grata se basa en la verdad.

La verdad y la razón son patrimonio de todos, como decía Montaigne.

Aunque los vencedores de estos tiempos, como los de siempre, suelen decir que la verdad y la razón se basan exclusivamente en la fuerza y en el poder.

Dijo el Cardenal Cisneros, cuando alguien cuestionó la legitimidad de su mandato, mostrándole desde su balcón a sus tropas armadas en el patio de armas: “Ahí está mi legitimidad y mi razón.”

Alguien, alguna vez nos pedirá cuentas, pedirá cuentas a los vencedores.

No se puede mentir o envolver la mentira con verdades discutibles.

No se puede insultar y descalificar sin pagar un precio, aunque hoy nos sonría la gloria.

¿Se notará alguna vez en el rostro del vencedor espurio, en la resaca de la victoria, la nostalgia del pudor perdido?

La propaganda hace, a veces, de mesnada. El poder de los medios de comunicación es más fuerte, seduce más, que las armas bélicas.

En principio nadie, o muy pocos, obran mal sin basarse, sin obedecer un mandato de las “alturas”, ya sean divinidades, patrias o impulsos privados. No todo lo obedecido es bueno, aunque buenas sean las fuentes de donde manan. Siempre se han sacrificado victimas a las divinidades y no sólo en los tiempos primitivos. Y a las patrias.

Nunca se ha desatado el nudo, siempre lo ha cortado la espada.

Hoy se impone la voluntad de las mayorías, pero también pueden manipularse.

No siempre los dictadores han nacido de guerras.

sábado, 27 de marzo de 2010

Juan Van Halen

VAN HALEN
Juan Van Halen y Sartí, nació en La Isla de León, San Fernando, Cádiz, el año 1,788. Hijo de Antonio Van Halen, teniente de Fragata de la Armada española y de Francisca Sarti y murió en 1,864 en Cádiz. Fue enterrado en el panteón familiar en el Puerto de Santa María.
Se casó con María del Carmen Quiroga, hermana del General del mismo nombre. Y en segundas nupcias con Clotilde Butler en 1.859.
Fue Teniente General, Capitán General de Cataluña, Mariscal de Campo. Varias veces encarcelado. Escapado de la prisión de la Inquisición. Huido a Francia, de allí pasó a Inglaterra y posteriormente a América. Labrador en Cuba.

Este breve relato está tomado de la Biografía de Pio Baroja titulada “Juan Van Halen Oficial Aventurero”, Biblioteca Nueva, Madrid 1,980.Obras Completas de Pío Baroja, Tomo VIII. Y tiene por único objeto satisfacer la curiosidad de un nombre extraño para muchos, que además de ser famoso, es aventurero y problemático.

Integrado en el espíritu de la época, especialmente el que reinaba en esa zona de España tan ligada al mundo exterior de donde llegaban las ideas de libertad, derechos y fr
aternidad, rechazadas como revolucionarias y contrarias a la tradición.
El ambiente familiar, como parece lógico le llevó a la milicia. Tomó parte en la guerra de Independencia contra los invasores franceses. Después, acaso influenciado por las doctrinas de la Revolución, fue "constitucionalista" de la primera Constitución española de 1,812, “La Pepa”, promulgada en la Isla de León.
Defensor del rey José Bonaparte y de la Constitución de Bayona, conspiró con Torrijos y fue juzgado y condenado a prisión.
Tomó parte en la guerra Carlista y luchó contra el General Cabrera en Aragón y Cataluña.
Masón, condenado a prisión por la Santa Inquisición, se fugó de la misma con la colaboración de Ramona, criada del Director del Centro Penitenciario, sobornada, o acaso enamorada del preso.

En el extranjero aparece como militar en Rusia. Guerras del Cáucaso. Con el grado de Mayor a las órdenes del general Yermolov, en Georgia y Chechenia.
En algún momento figura como Teniente General en el ejército Belga. Origen del apellido y de la familia afincados en España desde bastante tiempo anterior.

Las huidas al extranjero se suceden con vueltas a España, siempre de acuerdo con la política reinante, durante el reinado Fernando VII ”El Deseado”.
Los avatares de la política, unas veces lo llevaban a prisión y otras lo elevaban a puesto de responsabilidad.
Aventurero, preso y revolucionario.

Como uno de los hombres del siglo XIX, si no famoso, de personalidad muy destacada y pintoresca, su acción no sólo afecta a nuestro país, sino también a muchos otros lugares.
Un tanto ignorado, merece la pena dar esta reseña para recordar que ha existido. Como lo atestigua Pio Baroja, siempre ingenioso y preocupado por la vida y sus avatares, Juan Van Halen, figuraba en algunos diccionarios enciclopédicos y en el Monitor donde se mencionan sus escritos. Memorias y Narración de su huída de la prisión de la Inquisición. También aparece en Internet.
Dionisio Carrillo Robles.

martes, 22 de diciembre de 2009

¿HAN VENIDO LOS REYES?

Como todos los años, esa madrugada, día seis de Enero, me levanté medio dormido. Fui a ver la hora en el reloj que no funcionaba desde hacía muchos años y como parece lógico estaba parado, ausente. Sabía por experiencia que ya debían venir los Magos por la entrada del pueblo y no quería perderme su llegada. En este dudar me decidí. Abrí la puerta de la calle, hacía frío, me arropé para evitar la semidesnudez y llamé con insistencia a la puerta de la vecina.
-¡ Rosario, Rosario!.
Eran buenos vecinos, no se molestarían por mi impertinencia, que no lo era y sí una eventualidad de esas que suelen suceder, muy de tarde en temprano.
Insistí en la llamada. A poco Rosario abrió la puerta, no tenía buena cara; hay gentes que no les agrada que los vecinos entren en sus vidas.
Venía semidormida.
Antes de que hablara, le dije, con suma corrección:
-Rosario, por favor, dime qué hora es.
No me dio tiempo a continuar. Se marchó hacia a dentro y pensé “ha ido a mirar el reloj”,
Sin terminar mi juicio, apareció de nuevo con una sartén en la mano y sin previo aviso me dio un sartenazo que me dejó mal herido. Caí al suelo y como en sueños le oí que decía “ahora sí hay motivos para llamar a una puerta de madrugada” y llamó a su marido.
-¡Juan Ramón, Juan Ramón! Levántate que vamos a llevar al médico a un demente que ha tocado en la puerta para pedir la hora. Está herido, necesita más que la hora a un sanador que le cure.
Todo esto lo intuía a medida que ella hablaba, no estaba para discusiones. Juan Ramón aparejó la mula, a la que llamaba García, y procedieron a auparme en los lomos de la acémila.
Como no me podía sostener a causa de mis dolencias, subió a mi lado Rosario. Yo me así a su cintura con fuerza.
Antes, me habían hecho una cura de urgencia, agua y un delantal que me liaron a la cabeza a modo de turbante.
El médico tenía sus reales en el pueblo vecino por lo que hubimos de caminar por un sendero de cabras surcado, como orla, por una acequia de aguas bravas y cristalinas.
Era linda la madrugada. Linda, serena, fría pero grata siempre que no estés herido de un sartenazo. El silencio era roto por el leve ruido de las pisadas de la mula y por lo sonidos melódicos, acordes y gratos de las aguas bravas. El cielo parecía una luminaria no lejana de titubeantes estrellas. Ya merece la pena andar de madrugada para oír los silencios y ver el cielo encendido.
En poco más de una hora estábamos en la puerta del galeno.
–Traemos un herido- dijo Juan Ramón a la puerta cerrada. Un rato más tarde se abrió ésta y entramos.
No me apetecía la cura. No tenía aspecto de sanador el doctor. Unos puntos y un vendaje adecuado.
-No morirá de esta-, dijo a modo de saludo.
Terminado este breve acto salimos a la calle y no pusimos en camino hacia nuestras casas.
Volvíamos más expectantes que contentos. Nadie hablaba, sólo la acequia y el lejano sonido de los astros en sus giras espaciales.
Por la Mojonera, un zorro cruzó el camino, se asustó García y nos mandó al suelo a Rosario y mí.
Vuelta al médico.
Rosario se quejaba de una pierna y un brazo, acaso rotos. A mi me manaba sangre por la boca y por la herida curada.
Cuando llamamos otra vez a la puerta, el doctor salió con una escopeta para curarnos. Ya sabía quienes éramos y no por listo, sino por que se lo anunció Juan Ramón.
Curados de nuevo caminábamos menos contentos que la vez anterior. Ya llegábamos a las primeras casas del pueblo cuando García que era además de pacifica poco coceadora, dio una patada a Juan Ramón en cier
tas partes que lo dejó anestesiado. Se ve que al animal no le agradó ese ir y venir, a su parecer sin motivo adecuado. Bajamos de la cabalgadura e intentamos consolar al triste.
En estos menesteres, en ese preciso momento pasaba levitando hacia la sierra la comitiva de los Magos, tres camellos y el guía, el señor del pelo blanco, montado en su asno, le brillaba la sesera. Iban hacia oriente.
Un espectáculo gratificante ver a los Reyes como estrellas fugaces monte arriba, hasta velarse por encima del cerro del Caballo.
Junto a esta visión apareció Orión, esa bella constelación austral situada entre Toro, Gemelos, Eridiano, Liebre y Unicornio, plagada de estrellas singulares. Semeja un gran cuadrilátero, con tres luceros en oblicuo. Las tres Marías en el centro de la formación. Orión aparece en las madrugadas y es digno de contemplar aunque no se esté herido. Sus estrellas parecen desgajadas del cielo como si quisiesen llegar hasta la tierra, brillan hasta el punto de iluminar el ambiente.

Ya asomaba la Aurora de rosados dedos por la cima de la sierra.
Ante esta magnitud y belleza, me sentí privilegiado. Pocos habrán visto, estando heridos, tantas luces andariegas y hermosas.
Juan Ramón y Rosario se iban tirando del ronzal de García hacia su casa ¡Cojeaba el vecino!, ¡cojeaba la esposa!
Como no parece lógico, los Magos no me dejaron nada en mis zapatos de mi hermano Antonio.
No culpo a sus Majestades, andaba perdido en refriegas y ellos al no estar en la casa, dudaron de mi existencia.
Aún no se me ha curado la herida y eso que han transcurrido más de setenta años.
¿Habéis visto la cara que ponen los niños cuando reciben un regalo?
Me refiero a los que no lo esperan, los olvidados, los que vegetan al socaire de las hambrunas en lugar de reír y jugar.
Pensamos que los Magos no desaparecerán mientras haya niños.
Niños somos todos, mujeres y hombres, incluso aquellos que niegan serlo.
Granada, Diciembre del 2,009
Dionisio Carrillo Robles

lunes, 30 de noviembre de 2009

EL CANDIDATO

“Era de conciencia muy exigente y de ingenio muy simple y creo que por esta razón le llamaban Cándido".
(El Cándido, de Françoise Marie Arouet)

Convendría leer al Cándido de Voltaire de cuando en vez. Lo debían de hacer los que aspiran a cargos públicos, hoy que están tan desprestigiados los políticos, acaso con razón, pero no debemos olvidar que no es la prisión la solución y sí la conciencia que anda, al parecer huidiza cuando debía ser reina y señora. Conciencia estricta, como la tendría un Cándido cualquiera.

La palabra candidato deriva de cándido y éste del latín “candidatus”. Como sustantivo significa pretendiente, el que aspira a un cargo.Como adjetivo, según Suetonio, era igual a blanco. Vestido blanco. Blanco significa puro, limpio.En la antigua Roma las personas que aspiraban a un cargo de los elegidos por votación, iban a las plazas públicas vestidos de blanco y esta era la propaganda que hacían para que los votantes supieran que eran candidatos a un cargo concreto.
Pureza, limpieza de espíritu. Es lo que queremos los votantes que esté siempre presente en nuestros candidatos, para ser Diputados, para cualquier cargo ya del Estado, Comunidad Autónoma o Municipio.
No siempre los candidatos de la antigua Roma eran puros, pero al menos esa era su propaganda. En su interior posiblemente aleteara el deseo de enriquecerse, de utilizar el cargo para rodearse de personas influyentes, de vestirse el ropaje de los negocios, de aspirar a ser importantes, Pero para los votantes era el puro, el que cumpliría su palabra, el que dedicaría a la función pública su esfuerzo, su sabiduría y su capacidad para obrar.Éste, se supone era el motivo que le llevaría a aquellos señores romanos a vestirse de blanco, de pureza, de limpieza de espíritu para ir al “ágora” con el uniforme de los puros.Las circunstancias suelen, a veces, torcer los deseos. Luego vienen los “imponderables”. No todo lo que se desea por bueno y noble que sea, se puede hacer. Motivos de Estado, se solía decir cuando el dictador de turno quería saltarse las normas y actuar de acuerdo con sus intereses particulares o de clase, ahora podrían ser de “partido”. Somos seres imperfectos y por tanto nuestros actos pueden adolecer de esa imperfección, pero no es esto. Una cosa es no poder obrar de acuerdo con la norma y otra muy distinta burlarla.No debemos pensar que alguien que acepte un cargo público (igual a carga, algo que pesa, que fastidia) lo haga pensando en alterar las leyes para enriquecerse. Esto suele venir después en el decurso de los acontecimientos. Caso de que ocurra, el puro debe rechazar la ocasión, no sólo ésta, sino cualquier desvío que conduzca a abusar del cargo, a usar los conocimientos de privilegio adquiridos en su puesto de trabajo, porque se trata de un deber que obliga a cumplir y respetar las normas y las leyes aunque seas tu mismo el que las elabora. No se debe olvidar que éstas, las leyes, obligan a todos en general y muy particularmente al legislador para dar ejemplo, para no defraudar a los que lo eligieron para el cargo.No es fácil ser candidato. “La cosa pública” tiene unas exigencias particulares. El cargo es sacrificio y deber. También lleva aparejado, gloria, fama y poder. Aún así, es sacrificio y como tal debemos respetar y agradecer a los que se sacrifican en beneficio de la sociedad. Siempre, como parece lógico, que obren en conciencia. Si defraudan a los electores estarán derribando la Democracia y abriendo camino a los “salvadores” a esos que tienen en el bolsillo la solución a todos los problemas.
Granada, Noviembre 2,009
Dionisio Carrillo Robles.

domingo, 22 de noviembre de 2009

BODAS DE ORO

Hoy me he despertado mirando a través de mi ventana, observando los pocos coches que se atreven a desperdiciar las primeras horas de un día de fiesta.Hoy es veintidós de noviembre. Un noviembre extrañamente poco otoñal, intentando serlo, con sus hojas secas, sus árboles ocres, algunos semi pelados, su cielo grisáceo, su olor intermitente a leña quemada en una ciudad, Granada, donde también ésto se está perdiendo.Y en este otoño que tanto le está costando llegar, me viene a la mente esa “Primavera en la vida” con la que inauguramos este blog, versión moderna del diario de siempre, el Rincón de Sileno.Todavía recuerdo aquellos no lejanos días en que Amelia, la inquieta Amelia, casi llevó a rastras, creo que con engaño, a su Dionisio, al aula en donde nos batíamos el cobre con voluntariosos alumnos de los que llaman la tercera edad, para acercarlos al mundo de las nuevas tecnologías.En esa “Primavera en la vida”, magnífico canto al amor, a mi buen Dionisio, se le escapa ese canto, en una frase que hoy, después de disfrutar de unos cuantos años de fuerte amistad, yo resumo en… “Apareció Amelia, un ángel enviado del cielo”…Hoy, queridos Amelia y Dionisio, esa aparición, o al menos sus frutos, cumplen sus cincuenta años. Bodas de oro, le llaman, tal vez porque el oro defina mejor que ningún otro metal la belleza, el valor, la constancia… el amor.Tengo una frase, que tal vez acuñé estando ya acuñada, sin saberlo, que quiero traer a colación en estos momentos: “La sangre, si no es usada como la más bella excusa para el amor, es solo un fluido vital”.Es cierto que a la familia, esa institución un tanto devaluada en estos tiempos de tele basura, prisas, luchas políticas, corrupción y falta de humanidad, se llega por el nexo de la sangre.La familia, se dice, no se elige, te la asignan incluso antes de nacer.Nosotros, que en nuestro seno familiar tenemos la suerte de contar con miembros no preasignados, sino mediante adopción, podemos decir con una sonrisa en los labios, cara de satisfacción, que hemos encontrado, en estos dos seres entrañables, cariñosos, abnegados, solidarios… familiares, a unos segundos padres a los que agradecer todos los días el haberlos conocido. Como tal os hemos adoptado, y como tal os sentimos.Vaya desde estas humildes líneas nuestro reconocimiento, el de esta familia plagada también de amor, a esos cincuenta años en común, en los que, estoy seguro, habéis hecho felices a tanta, tanta gente, y a cuya lista nos hemos incorporado, afortunadamente, como la aparición de una“Primavera en la vida”, la vuestra en la nuestra.
Tomás.

domingo, 1 de noviembre de 2009

ESPEJO ROTO

Para mi amigo Juan Antonio
Aquella noche el reloj que jamás anduvo, dio las tres. Era de madrugada un día seis de Enero. Yo tendría siete u ocho años, no leía el Quijote ni libro alguno, como sí hacía a esa edad un tal Sánchez Dragó. Sonaron las campanadas en el silencio de la noche con su ruido metálico. El reloj estaba ubicado en el resalte de la chimenea, otra cosa inútil, blanqueada y en desuso desde siempre porque su cañón estaba cegado en el piso superior, un camaranchón donde residían las brujas y el demonio, atento a llevarme a su reino, afortunadamente sin conseguirlo hasta hoy.
La ventana desde donde vi a los Reyes se asomaba al cañón del río y desde ella se veía Plunes con sus almendros, la vega de Acequias de lujuriosos verdes, la torre encalada de dicho pueblo, los naranjos del Valle y la sierra hasta el Cerro del Caballo.
Todo era mágico esa noche, ¡como me iba a extrañar de lo absurdo del reloj! Me levanté sin dudarlo. Era la hora. Los Reyes estaban a punto de llegar. Mi madre me había advertido que Sus Majestades eran muy tímidos y no debían ser vistos para evitar que se marcharan sin dejar regalos. Yo razonaba de otra manera y me asomé a la ventana. Abrí el postigo y un frío helador penetró en la habitación, los pelos del flequillo me taparon los ojos, aún así vi a los Reyes montados en sus camellos, animales nunca vistos por estas tierras, pero la magia ni razona ni encuentra obstáculos. No les veía la cara, con sus tocados insólitos la tenían velada. Junto a ellos había un cuarto personaje, era anciano, la cabeza semi rapada, blanca, canosa. Me miró con una sonrisa de grata acogida. No se espantaron de mi presencia. El anciano estaba coronado por una estrella luminosa, se ve que era el guía. Ya no pensé en los regalos, el mejor regalo jamás dejado a niño alguno era su presencia. ¿Quién podría presumir de otro tanto?
A poco se marcharon, sentía el taconeo de las pisadas de las bestias sobre la cuesta del río. Desparecieron y sin solución de continuidad vi la estrella moviéndose río arriba. Enseguida subían la cuesta de Juan Valiente en las estribaciones del pecho Pellejas, se perdieron por el Castillejo y asomaron por la Umbría, siguieron por el Posteruelo, los Prados de Isidoro, el Chorrerón, ya en las faldas del cerro de Caballo, para velarse definitivamente confundidos con el cielo. Todo esto transcurrió en unos segundos.
Veía claramente la estrella moverse hacia arriba sin cesar.
Había más cosas llenas de magia, no sólo esta noche, sino desde el albor de los tiempos. Los niños más pobres ni siquiera soñaban con los Reyes. Nunca pararon en su ventana, posiblemente ignoraran su existencia. Se decía que los Reyes no traían regalos a los niños malos, los que apedreaban perros o no iban al colegio, ¿Qué hacían entonces esos niños que no iban al colegio? Unos hacían de hombres y otros ayudaban a criar a sus hermanos pequeños, no estaban ociosos, no eran motivo de castigo. Pienso que ningún niño es malo. Todos hacíamos perrerías a los perros y a los gatos, incluso robar las naranjas del cura podía ser más grave y no lo tuvieron en cuenta. No era ese el motivo.
Es verdad que los regalos estaban en relación con la economía, pero esto no entra en la magia. Los Magos pueden olvidar ese pequeño desliz y lo olvidan. Todo niño es merecedor de esa magia aunque el regalo sea pobre como el niño. Las ilusiones siempre tienen valor infinito. No es justo matar algo que será más importante que la propia vida.
Muchos años después, he vuelto a ver a Sus Majestades los Reyes Magos. No sólo los he visto, sino que además iba montado en uno de los camellos, el último de la comitiva. He llegado al pesebre y he visto que las bombas de la injusticia, impiedad, intolerancia, fanatismo y avaricia, habían destruido la magia, la magia y la vida.
Nadie debería tener poder para romper magias y menos para silenciar a los Inocentes que somos todos. Mientras se busca la manera de ignorarlo.
Granada, Enero del 2,008.